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Notas Pastorales: La Perversión del Pecado (Dom, 21/03/2010)

Semanalmente nos envían por e-mail las notas pastorales de Monseñor Antonio José López Castillo pertenecientes a la Página Arquidiocesana que se publica en el diario El Impulso los domingos. Aquí la correspondiente a esta semana:

La Perversión del Pecado

“…El que no tenga pecados, tire la primera piedra” (Juan 8,7)

La Sagrada Escritura, constantemente hace referencia a esa gran realidad que denominamos “pecado”

En efecto el pecado recibe muchos nombres, tales como: falta, rebelión, maldad, iniquidad y desobediencia.

El pecador entonces es aquel que conscientemente, hace el mal, a los ojos de Dios.

El pecado se opone al amor de Dios, pero, con todo dentro del arrepentimiento da lugar a la misericordia Divina, motivo de confianza, para el que cae y siente dolor por su maldad.

Por eso, la historia de la salvación, va a consistir en las diversas tentativas, por parte del Creador, de arrancar al ser humano de las garras del pecado, que lo busca destruir, llevándolo por sendas de iniquidad. En cambio Dios, lo lleva por sendas de bien.

El ejemplo más significativo, es el de Adán y Eva, quienes rechazan consciente y libremente a Dios, al desacatar el mandato de Yahvé: “Sólo del fruto del árbol, que está en medio del jardín, nos ha dicho Dios, no coman, de él, ni lo toquen siquiera, de otro modo, morirán” (Génesis 3,3)

Esa desobediencia se dio, porque sugestionados por la serpiente satánica aspiraban, a “ser como un dios falso, que dice conocer el bien y el mal” (Génesis 3,5). O sea, se niega a depender de Dios. Buscan ponerse ellos, en lugar de Dios. Ya que esa dependencia, si bien era relación de criatura y creador, también implicaba una relación de amistad y de confianza.

Pero precisamente, surge por instigación diabólica del padre de la mentira, la duda y desconfianza, respecto a Dios, ya que él dejaría de ser generoso, omnipotente y veraz; la prohibición según la serpiente, es sólo una excusa por parte de Dios para proteger sus privilegios; y la amenaza, es sólo una mentira, por la misma razón.

La noción de identidad de Dios queda trastocada, y éste aparece simplemente, como un ser interesado, temeroso y ambicioso.

Por eso el pecado es la perversión, más destructiva que pueda padecer el ser humano.

Ojalá que nunca dudemos de Dios, sino que por el contrario, sepamos confiar plenamente en Él, que nos exige pero que nos ama y nunca nos abandona.

Evitemos el pecado, como actitud injusta y maligna, que nos hace alejar de Dios, despreciándolo o ignorándolo y que rompe las verdaderas relaciones fraternas.

Cuaresma, es un tiempo de arrepentimiento, frente al mal. Procuremos con libertad y decisión, acercarnos al sacramento de la Reconciliación.

Hagamos una buena confesión que se proyecte en un auténtico cumplimiento del deber y cambio personal.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Cristo Rey, Juez Universal. Por: Monseñor Antonio J. López Castillo

Fiesta de Cristo Rey

 

Juan Bautista hace referencia a este juicio cuando predica la penitencia, ante la inminencia del día de la ira venidera (Mateo 3,7-12)

Jesús en los Evangelios hace mención constantemente al juicio del último día

Veamos “guárdense de los escribas que gustan pasearse con vestidos ostentosos,… fingen largas oraciones. Ellos han de tener un juicio muy riguroso” (Marcos 12, 38-40 e insiste el Evangelio entonces empezó a increpar a las ciudades en que se habían hecho la mayoría de sus milagros, porque no habían hecho penitencia; ay de ti Corazón, ¡Ay de ti Betzaida porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se hicieron en ustedes, haría ya tiempo que hubieran hecho penitencia en saco y en ceniza. Pero les digo que en el día del juicio habrá más tolerancia para Tiro y Sidón que para ustedes; y tu Cafarnaúm ¿Serás acaso alzada hasta el cielo? Hasta el infierno te hundirás, porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros realizados en ti, duraría hasta el día de hoy; pero les digo que el día del juicio habrá más tolerancia para Sodoma que para ti” (mateo 11,20-24)

También Cristo, le recuerda, aquel juicio final a aquella generación incrédula: “Esta gente malvada e infiel pide una señal milagrosa; pero no va a dársele más señal que la del profeta Jonás. Pues así como Jonás estuvo tres días y tres noches dentro del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches dentro de la tierra” (Mateo 12, 39-40), a su vez el Señor se refiere al juicio terrible en aquellas ciudades que rechacen a sus mensajeros: “si alguien no los recibe, ni escucha sus palabras, al salir fuera de la casa o de la ciudad, sacudan el polvo de sus pies. En verdad les digo que el día del juicio habrá una suerte más tolerable, para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad” (Mateo 10, 14-15)

Aquel juicio será tremendo, para los que maquinaron inconversos la maldad, así dice Jesús: “¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escapan de la condenación a la gehena?. Por esto les envío profetas, sabios, escribas; de ellos a unos los mataran, crucificarán; a otros los azotaran en sus sinagogas y los perseguirán de ciudad en ciudad, para que caigan sobre ustedes toda la sangre inocente venida sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien mataron entre el santuario y el altar. En verdad les digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23, 33-36)

Todo esto pone de relieve que habrá un juicio final, en base a la actitud que los hombres asuman frente al amor sincero a Dios y al prójimo. Allí se juzgará el hambre, producto de la corrupción o de los vicios; se juzgará la soberbia del abuso de poder, se pedirá cuenta a los jueces de su justicia. Entonces se exigirá si se hizo de la vida un servicio. Es bueno que se sepa que sea cual fuere la maldad, esta no quedará impune. El bien brillará

Mujeres y hombres de buena voluntad, entiendan con plena seguridad que el bien vencerá definitivamente el mal

Habrá una justicia final, definitiva, sin cómplices, ni excusas, en base a la verdad, cuando Cristo venga a juzgar a los vivos y a los muertos

De esta suerte Cristo Rey, también será el Juez Universal

Hoy se celebra el día del Apostolado Seglar

 

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Notas pastorales. Mons. Antonio J. López Castillo. 23/08/09

Estas notas pastorales vienen todos los Domingos en el diario El Impulso. Lo compartimos con uds

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Cristo sigue llamando

Aquellos doce apóstoles se sintieron llamados, convocados por Cristo, ellos sintieron una llamada o vocación para una misión de salvación.
En efecto, si nos remontamos al Antiguo Testamento, las llamadas o vocaciones que Dios hace o motiva tienen una finalidad específica, dicen relación a una misión.
Así llama a Amos: “Yahvé me tomó de detrás del rebaño diciéndome: Vete, profetiza a mi pueblo Israel” (Amos 7,15), de igual forma lo hace con Abraham, Moisés y Jeremías.
La vocación viene a ser entonces el llamamiento que Dios hace oír a la persona humana, que ha elegido y a la que destina a una obra particular en su plan de salvación.
El origen de la llamada o vocación existe, se da en una elección divina, por puro amor de Dios, desde su libertad infinita y misericordiosa. Pero también se da un término o mandato qué cumplir.
La vocación, va dirigida a la conciencia, es un llamado profundo y libre a la conciencia humana, ese llamado cuando es respondido en libertad, al mismo tiempo produce un cambio en la existencia, lo que hace del llamado, un hombre diferente, nuevo a la luz de la misma fe.
En efecto, algunas veces para señalar la forma de posesión del llamado y cambio de dirección de la vida del elegido. Dios le da un nombre nuevo, acuñado por la boca de Yahvé (Isaías 62,2).
Dios espera una respuesta a su llamado o vocación. Él aguarda una adhesión libre, llena de fe y en espíritu de obediencia sincera.
Algunas veces esta respuesta es inmediata  “Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviare? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: Heme aquí, mándame a mí: El me dijo vete y dile a este pueblo”. (Isaías 6,8).
Sin embargo la mayoría de las veces, se siente temor ente la empresa y se quiere evadir la llamada: “Yo dije ¡Ay! Señor, Yahvé, mira que yo no sé hablar, soy un niño”, pero Yahvé me respondió: “No digas que eres un niño, porque a donde te envíe habrás de ir y todo lo que yo te ordene les dirás: No tengas miedo de ellos, porque yo estoy contigo para protegerte, oráculo de Yahvé” (Jeremías 1, 6-8).
Entre otras cosas, resulta que la vocación, coloca en una situación difícil al llamado, ya que se tiene como un ser extraño y muchas veces rechazado por los suyos, entre otros. Elías entonces se internó en el desierto, una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama, deseándose la muerte y diciendo: “¡Ya basta oh Yahvé! Toma mi vida, pues no soy yo, mejor que mis padres” (1 Reyes 19,4).
Yahvé llama al pueblo elegido a través de Moisés; Yahvé le prohíbe a ese pueblo buscar apoyo en otro que no sea Él. Pero Yahvé exige una respuesta de corazón a aquel mismo pueblo (Éxodo 19,8).
Jesucristo  hace llamamientos; es a través de la vocación o llamada de la que se vale para elegir a los doce apóstoles (Marcos 3,13). Pero el dirige su llamada a todos: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24). La Iglesia naciente tuvo desde el principio la percepción de que el cristianismo es una vocación. Por ello Pedro, dirige un llamamiento y con muchas palabras, testifica y exhortaba diciendo: “Sálvense de esta generación perversa; y los que acogieron su palabra, se bautizaron, y se agregaron aquellos días unas tres mil almas” (Hechos 2,40-41).
Hoy el Señor llama también a los laicos, a fin de que vivan su vocación Bautismal; hace falta laicos que se responsabilicen de las comunidades, como también de los departamentos y en tantos servicios eclesiales; hoy junto a los sacerdotes y religiosos, los nuevos grandes misioneros son nuestros laicos o sea los padres de familia, las madres de familia, los profesionales, los obreros católicos, los empresarios y los campesinos.
El mismo Pablo, para llamar al orden a los Corintios les recuerda: “Consideren su llamamiento, pues no hay entre ustedes muchos sabios, según la carne”. La vida cristiana es vocación, porque es vida según el Espíritu, quien nos lleva a poner en práctica los criterios de Cristo.
En esa vocación Cristiana, hay diversidad de dones y carismas en un solo Espíritu.
La Iglesia, pueblo de Dios, oye el llamamiento de Jesucristo y Ella le responde “Ven Señor Jesús” (Apocalipsis 22,20).
Procuremos vivir cada día, desde la fe, la vocación cristiana y en ella vivamos nuestra vocación sacerdotal, diaconal, religiosa o laical; el Señor nos dice a todos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6).

Mons. Antonio José López Castillo
Arzobispo de Barquisimeto.

Notas pastorales. Mons. Antonio J. López Castillo. 16/08/09

Estas notas pastorales vienen todos los Domingos en el diario El Impulso. Lo compartimos con uds.

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Mons. Antonio J. López Castillo (Foto. El Guardian Católico)

El Cuerpo de Cristo

Jesucristo, antes de su muerte, en la última cena instituye la Eucaristía para perpetuar su presencia Sacramental en la Iglesia.

En efecto, la Iglesia actualiza el memorial de la Muerte de Cristo. Por ello, la comunión en el cuerpo de Cristo le hace revivir todos los aspectos esenciales del Misterio de la Salvación; tanto por el Bautismo como por la experiencia Eucarística, se toma conciencia de que somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo: “Puesto que sólo hay un Pan, nosotros formamos un solo cuerpo” (1 Corintios 10,17)

La Iglesia celebra la Eucaristía en base a la potestad y misión que le dio Jesús.

La Institución histórica de la Última Cena de Jesús, es el fundamento del dogma Eucarístico.

Después de la muerte y resurrección, los discípulos continuaron, con “la fracción del Pan”, en común y la captaron como una anticipación del suceso escatológico.

La muerte es para Cristo una realidad consciente, que Él acepta como necesidad Histórica-Salvífica), decidiéndose en libertad por ella.

Además de su muerte, Jesús predice su Gloriosa Resurrección. En ella brilla su espléndida victoria sobre el pecado y la maldad.

Jesús celebra la Última Cena y la constituye testamento, en el cual hace presente todo su ser y obrar Mesiánicos: los concreta en un don Salvífico visible, comestible y permanece en herencia como sacramento.

Lo central de la Cena del Señor lo recibió la Iglesia por institución de Jesús mismo, es decir, la consagración del pan y vino para convertirlos en el cuerpo y sangre de Jesucristo.

Esa voluntad Salvífica fue revestida de un marco litúrgico-sacramental.

El magisterio de la Iglesia, ha definido a través de varios concilios, que la Eucaristía contiene el Cuerpo y la Sangre de Jesús. En virtud de la transubstanciación, bajo las especies del pan y del vino, está Cristo no sólo durante la Sagrada Comunión en la Santa Misa, sino que desde la Consagración y después de la Santa Misa, en el Sagrario, sigue presente silenciosamente, para la adoración del pueblo fiel.

En efecto, el Concilio de Trento, proclama dogmáticamente que la Misa, no es una mera alabanza, ni un mero recuerdo del Sacrificio de la Cruz sino un verdadero y autentico sacrificio propiciatorio por los vivos y los difuntos sin restar nada al de la Cruz (Dz.948-952)

La Santa Misa, no es un mero acto social, en donde se asiste como un adorno de una celebración formal: la misa es una oración, debe vivirse, participarse, responder, cantar, comulgar, debidamente preparados; hagamos de la misa un encuentro personal, existencial y gozoso con Cristo y un fortalecer el ser Iglesia, Comunidad y pueblo de Dios.

El sacramento es realizado solamente por el Sacerdote ordenado, independiente de la Santidad personal (D.2584)

El Concilio Vaticano II, insiste encarecidamente con toda la Iglesia en la participación activa de los creyentes en la Eucaristía.

Es que en la Eucaristía, el Señor glorificado sale al encuentro del hombre ocultándose y descubriéndose a la vez, bajo el signo sacramental

Por lo tanto, la Eucaristía realiza la presencia sacramental y la aplicación de la acción sacrificial, fundamental para la salvación de todos, que es Jesús mismo, en el banquete sacrificial de la Iglesia, instituido por Él mismo.

La Eucaristía o Santa Misa, establece el vínculo de la misa, íntima unidad de los hombres con Dios y de ellos entre sí

Asistamos y participemos de la Santa Misa, en ella se fortalece nuestra fe en Cristo y se fortifica nuestra fraternidad.

Sepamos asistir y vivir la Santa Misa. Ella nos hace sentir la fuerza de Dios; de tal manera que por la comunión, Él habitará en nosotros y nosotros en Él

¡Cuánto bien hace la Santa Misa o Eucaristía, al ser humano, y cómo une y anima a toda la familia cristiana!

Visitemos al Santísimo Sacramento en el Sagrario de nuestros templos.

Dialoguemos con Él y adorémoslo diciendo: “Bendito y alabado sea Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar”.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Notas Pastorales (24 de mayo de 2009)

Notas Pastorales de Monseñor Antonio José López Castillo publicada hoy en el diario El Impulso.

“La Ascensión del Señor”

notas_pastorales_ascensionSegún la cosmología bíblica “el cielo está arriba” y es la estancia de Dios, en cambio la tierra que “está abajo” es la morada de los hombres (Salmo 115,6; Éxodo 19, 11ss).

Así Jesús, glorioso por la resurrección, asciende a los cielos y es exaltado a la derecha del Padre, (Romanos 8,34; Efesios 1,20ss). La ascensión aparece sobre todo como un hecho de fe.

Indiscutiblemente que con el mayor conocimiento de la revelación y más profundización de la fe misma, la ascensión ha ido adquiriendo una mejor ubicación histórica y teológica.

Debemos captar que Jesús, antes de su encarnación, estaba junto a su Padre, como segunda persona de la Santísima Trinidad, en unión con el Espíritu Santo.

Por lo tanto su exaltación fue además el retorno al “mundo celestial” de donde había descendido.

Así lo expresa el evangelista Juan: “porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me ha enviado”; Los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo…” (Juan 6, 38,41ss).

De la misma manera insiste “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre” (Juan 3,13).

La Ascensión también manifiesta la supremacía cósmica de Cristo. Pablo enseña que Jesucristo se enseñoreó en los cielos por encima de los poderes.”Conforme, a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitándole de entre los muertos, y sentándole a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestades, virtud, dominación y de todo cuanto tiene nombre no solo en este mundo, sino también en el venidero” Efesios 1,19-20).

La carta a los hebreos, piensa la subida de Cristo, en relación a un mundo celestial, en el cual se hallan dimensiones de la Salvación definitiva hacia la cual en el tiempo peregrina la humanidad (Hebreos 1,3).

Por supuesto que pedagógicamente fue conveniente distanciar la Resurrección de la Ascensión de Cristo.

Indiscutiblemente que las manifestaciones de Jesús resucitado a sus discípulos, lo hacían volver del “mundo de la Gloria” para expresarlo de alguna manera (Juan 19,17).

La ascensión en la pedagogía bíblica parece clausurar el período de las apariciones de Cristo, en los inicios de aquella comunidad de fe.

Así Jesucristo resucitado, con la ascensión, retira del mundo temporal, su presencia visible hasta el fin de los tiempos.

En efecto, los Hechos de los Apóstoles expresan: “Ese Jesús que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá como lo habían visto ir al cielo”. (Hebreos 1,3).

El retornará “bajando del cielo, sobre las nubes” (1 Tesalonicenses 4,17)

La enseñanza de todo esto, consiste en que Jesucristo, vencedor de la muerte instaura un estilo de vida nueva, junto a Dios.

Él penetra ese estado, para introducir luego a sus seguidores fieles.

Los cristianos, unidos a su Señor resucitado y exaltado por una fe operante, buscan las cosas de arriba, para que su verdadera existencia se ubique en su Salvador.

Ellos van forjando al hombre nuevo y van construyendo la ciudad eterna, desde la ciudad terrena.

Cristo asciende para que ascendamos todos.

Debemos ascender a una vida de fe madura, a una espiritualidad consistente a sabernos dirigidos desde Jesucristo.

Es necesario ascender a una vida de valores, veracidad, justicia, libertad y prudencia.

Es conveniente ascender en los niveles de la educación, urbanidad y cultura.

Es urgente ascender en la honradez, honestidad y fraternidad.

Debemos levantar con el trabajo, la buena administración y el esfuerzo diario, la calidad económica, alimenticia, de la vivienda y de los servicios.

Debemos elevar la verdadera dimensión política sacándola de la politiquería y demagogia. Ascender desde la mezquindad y envidia, hacia la nobleza de corazón y verdadera fraternidad humana, por encima de las simples consignas político-partidistas, que más de una vez han sumergido al pueblo en el odio, rencor y divisiones, cuando hoy más que nunca necesitamos unión y solidaridad.

El cristianismo invita a la salvación eterna, pero de la misma forma nos urge a la superación temporal y social.

Estoy seguro de que todo esto honrará tanto a nuestra Madre del cielo, como a todas las familias de la tierra.

Hoy es Día de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto.

Notas pastorales. Buenos frutos

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Extracto de la nota pastoral de Monseñor Antonio José López Castillo, al final hay un enlace para ir a la nota completa.

Notas Pastorales: Buenos Frutos

La tierra debe producir árboles que den frutos.

El hombre mismo recibe el mandato por parte de Yavé “Fructifíquense y multiplíquense” (Génesis 1,22-28).

Precisamente, una de las señales de la buena tierra es que los árboles allí sembrados den fruto. Esto es al mismo tiempo un signo de vida.

De la misma suerte Dios, Creador, exige resultados, frutos a su viña, no quiere la pasividad. Por ello los sarmientos que no produzcan serán cortados y arrojados al fuego para que ardiendo, se destruyan, en efecto dice Jesús: “Al que no está unido a mí, se le arrojará como al sarmiento que se seca, lo recogen, lo echan al fuego y arde” (Juan 15,6).

De la misma forma, la higuera estéril no tiene ninguna razón para ocupar un puesto inútil en aquella tierra.

Por ello el viñador dijo: “hace ya tres años que vengo a buscar frutos en ella y no los hallo, córtala…” (Lucas 13,7).

Incluso el dueño bíblico del dinero, tiene derecho a exigir productividad a ese mismo dinero, o sea a los talentos entregados a los administradores, ya que les advirtió claramente “Negocien, mientras regreso”. “Cuando llegó el dueño, hizo venir a sus siervos a quienes había dado el dinero para saber como había negociado cada uno; el primero se presentó diciendo Señor, tu talento a producido diez y le contestó, muy bien siervo bueno, puesto que has sido fiel en lo poco, recibe el gobierno de diez ciudades. Y vino otro diciendo, Señor, he aquí tu talento que tuve guardado en un pañuelo, porque tuve miedo de ti, que eres severo… Y le respondió el dueño, por tus mismas palabras te juzgo, mal siervo, sabías que soy severo…

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto.

Para leer o imprimir la nota entera haga clic en el siguiente enlace:
Notas pastorales. Buenos frutos (Google Docs).

Notas Pastorales. Domingo 26-Abril-2009

Extracto de las Notas Pastorales de Monseñor Antonio López Castillo que Ud. puede leer  hoy en la Edición Impresa del Diario El Impluso, al final ponemos un enlace con la nota completa.

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Reconciliémonos

Frente al pecador, es donde el Dios celoso, se revela un Dios de perdón. Por eso en el desierto, la Escritura afirma “al día siguiente Moisés dijo al pueblo: han cometido un grave pecado. Sin embargo, yo subiré a Yavé; quizás alcance perdón para nuestros pecados” (Éxodo 32,30), es esto una oración para proclamarse Yavé, como Dios de “ternura y de piedad, lento a la ira, rico en gracia y en fidelidad”.

Sin embargo, la reconciliación definitiva fue llevada a cabo por Cristo, Muerto y Resucitado. Jesús es el mediador entre Dios y los hombres. (Timoteo 2,5). Por si mismo el hombre es incapaz de reconciliarse con el Creador, al que ha ofendido con su pecado. Dios nos ha reconciliado consigo por Jesucristo; el misterio de nuestra reconciliación tiene que ver con el gran amor con que hemos sido amados por Dios.

La reconciliación implica una renovación completa para los que disfrutan de ella y coincide con la Santificación, es lo que hace decir a Pablo: “Y a ustedes que fueron un día extraños y enemigos de nuestra mente a causa de las malas obras, ahora en el fin los reconcilio completamente en el cuerpo de su carne por la muerte para presentarse limpios, inmaculados e irreprensibles ante su presencia” (Colosenses 1,21-22)…

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Para la nota completa, haga clic en el siguiente enlace: Reconciliémonos

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