Barquisimeto – Venezuela

La Buena Nueva de éste domingo es el misterio de la Ascensión del Señor al cielo, una ausencia supuesta del que resucitó, que se va a convertir  en una gran presencia desde la derecha del Padre y así mismo se hace presente para salvarnos en el sacramento del altar, donde solo se puede conjugar lo humano y lo divino en perfecta comunión accesible a todo hombre como alianza definitiva con toda la humanidad.

Los discípulos son testigos de su subida al cielo, donde está sentado a la “derecha del Padre” que es la gloria divina en la que se encuentran desde siempre el Hijo y el Espíritu Santo, constituyendo con el Padre, un solo Dios: La Santísima Trinidad. Así el Padre convierte a su Hijo en el Señor de toda la creación y está presente en el cielo como en la tierra.

En el Evangelio San Lucas (Lc 24, 50-52), nos relata la Ascensión de Jesús al cielo y cómo durante cuarenta días bebe y come con sus discípulos, les instruye sobre el Reino, se despide de ellos, alza sus manos y los bendice, quienes se postran ante Él, comprendiendo, que ahora les toca a ellos proclamar el evangelio, por encargo de Jesús, por toda la tierra. Pero les deja un consuelo: salí del Padre y vine al mundo y vuelvo al Padre (Jn 16,28), es decir, que cuando se tiene fe, Él nos prepara una morada junto a Él, así mismo vemos cuando les dijo: cuando me haya ido y os haya preparado un sitio volveré y os llevaré conmigo para que donde yo estoy, estéis también vosotros. (Jn14, 1-3). La iglesia espera ese glorioso retorno y debemos ser agradecidos por la suerte que nos espera si guardamos fidelidad a la misión encomendada por ella.

por Yaritza Osorio

Y les dijo:

Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.

Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto. Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

Lucas 24, 46-53

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