Barquisimeto – Venezuela

Vivamos la Semana Santa: Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Semanalmente nos envían por e-mail las notas pastorales de Monseñor Antonio José López Castillo pertenecientes a la Página Arquidiocesana que se publica en el diario El Impulso los domingos. Aquí la correspondiente a esta semana:
Los cristianos celebramos hoy la festividad litúrgica del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor; de esta manera iniciamos en la Iglesia de Catedral a las 8:30 a.m., la liturgia de la Semana Santa que culminará con la Pascua de Cristo. Las palmas dan un carácter festivo a esta celebración, que rememora la entrada de Jesús a Jerusalén, como Rey, montado en un jumento en medio de los cantos de los niños, jóvenes y el pueblo todo. Ellos extienden sus mantos en el camino, al igual que los ramos, que portaban también en sus manos. Había un ambiente de euforia, hasta gritar “¡Viva el Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, viva el Altísimo!” Y cuando muchos otros desconocedores de la situación preguntaban ¿quién es este? La gente que acompañaba al Señor le respondía: “Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea”.

Antes de su pasión, Jesús quiere proyectar sobre Jerusalén el anuncio consolador acerca de su victoria sobre el dolor y la muerte misma. Por ello, es muy importante revestirse en esa liturgia de los sentimientos de Cristo, unirnos a su Vida, a su Pasión, Muerte y Resurrección; vivir estas realidades salvíficas desde la fe.

La palma es un Sacramental que nos vincula a Cristo en ese seguimiento personal y comunitario que pasa cada día por la cruz, y debe terminar en la resurrección, como amistad gozosa y permanente con Dios.

La palma bendita no puede ser un objeto mágico que al obtener y tocarla, no hace falta nada más; no debe entenderse así, por el contrario, esa palma bendita es un Sacramental que nos invita cada día a conocer a Jesucristo, a estudiar mejor nuestro catecismo, a ahondar en nuestra doctrina católica; ese ramo bendito es el llamado a orar, a hablar, profunda y sinceramente con Dios; ese signo sagrado es un llamamiento a participar conscientemente en los Sacramentos, a vivir como Dios manda, a tratar de poner en práctica sus valores como son: la honradez, la responsabilidad, la solidaridad, la justicia y la hermandad.

Jesús asume su función con toda libertad y la llevó con decisión hasta el final; que también nosotros con toda libertad, fervor y respeto, participemos con Cristo, a través de la liturgia, de su historia, de su salvación.

Que podamos con sencillez decir “con mis obras mostraré mi fe”. Iniciemos pues, desde nuestra convicción, el acompañar a Cristo litúrgicamente en su pasión, Muerte y Resurrección, peregrinando con la palma de su victoria y cantando “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Mons. Antonio José López Castillo

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