Barquisimeto – Venezuela

Estas notas pastorales vienen todos los Domingos en el diario El Impulso. Lo compartimos con uds

cristo

Cristo sigue llamando

Aquellos doce apóstoles se sintieron llamados, convocados por Cristo, ellos sintieron una llamada o vocación para una misión de salvación.
En efecto, si nos remontamos al Antiguo Testamento, las llamadas o vocaciones que Dios hace o motiva tienen una finalidad específica, dicen relación a una misión.
Así llama a Amos: “Yahvé me tomó de detrás del rebaño diciéndome: Vete, profetiza a mi pueblo Israel” (Amos 7,15), de igual forma lo hace con Abraham, Moisés y Jeremías.
La vocación viene a ser entonces el llamamiento que Dios hace oír a la persona humana, que ha elegido y a la que destina a una obra particular en su plan de salvación.
El origen de la llamada o vocación existe, se da en una elección divina, por puro amor de Dios, desde su libertad infinita y misericordiosa. Pero también se da un término o mandato qué cumplir.
La vocación, va dirigida a la conciencia, es un llamado profundo y libre a la conciencia humana, ese llamado cuando es respondido en libertad, al mismo tiempo produce un cambio en la existencia, lo que hace del llamado, un hombre diferente, nuevo a la luz de la misma fe.
En efecto, algunas veces para señalar la forma de posesión del llamado y cambio de dirección de la vida del elegido. Dios le da un nombre nuevo, acuñado por la boca de Yahvé (Isaías 62,2).
Dios espera una respuesta a su llamado o vocación. Él aguarda una adhesión libre, llena de fe y en espíritu de obediencia sincera.
Algunas veces esta respuesta es inmediata  “Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviare? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: Heme aquí, mándame a mí: El me dijo vete y dile a este pueblo”. (Isaías 6,8).
Sin embargo la mayoría de las veces, se siente temor ente la empresa y se quiere evadir la llamada: “Yo dije ¡Ay! Señor, Yahvé, mira que yo no sé hablar, soy un niño”, pero Yahvé me respondió: “No digas que eres un niño, porque a donde te envíe habrás de ir y todo lo que yo te ordene les dirás: No tengas miedo de ellos, porque yo estoy contigo para protegerte, oráculo de Yahvé” (Jeremías 1, 6-8).
Entre otras cosas, resulta que la vocación, coloca en una situación difícil al llamado, ya que se tiene como un ser extraño y muchas veces rechazado por los suyos, entre otros. Elías entonces se internó en el desierto, una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama, deseándose la muerte y diciendo: “¡Ya basta oh Yahvé! Toma mi vida, pues no soy yo, mejor que mis padres” (1 Reyes 19,4).
Yahvé llama al pueblo elegido a través de Moisés; Yahvé le prohíbe a ese pueblo buscar apoyo en otro que no sea Él. Pero Yahvé exige una respuesta de corazón a aquel mismo pueblo (Éxodo 19,8).
Jesucristo  hace llamamientos; es a través de la vocación o llamada de la que se vale para elegir a los doce apóstoles (Marcos 3,13). Pero el dirige su llamada a todos: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24). La Iglesia naciente tuvo desde el principio la percepción de que el cristianismo es una vocación. Por ello Pedro, dirige un llamamiento y con muchas palabras, testifica y exhortaba diciendo: “Sálvense de esta generación perversa; y los que acogieron su palabra, se bautizaron, y se agregaron aquellos días unas tres mil almas” (Hechos 2,40-41).
Hoy el Señor llama también a los laicos, a fin de que vivan su vocación Bautismal; hace falta laicos que se responsabilicen de las comunidades, como también de los departamentos y en tantos servicios eclesiales; hoy junto a los sacerdotes y religiosos, los nuevos grandes misioneros son nuestros laicos o sea los padres de familia, las madres de familia, los profesionales, los obreros católicos, los empresarios y los campesinos.
El mismo Pablo, para llamar al orden a los Corintios les recuerda: “Consideren su llamamiento, pues no hay entre ustedes muchos sabios, según la carne”. La vida cristiana es vocación, porque es vida según el Espíritu, quien nos lleva a poner en práctica los criterios de Cristo.
En esa vocación Cristiana, hay diversidad de dones y carismas en un solo Espíritu.
La Iglesia, pueblo de Dios, oye el llamamiento de Jesucristo y Ella le responde “Ven Señor Jesús” (Apocalipsis 22,20).
Procuremos vivir cada día, desde la fe, la vocación cristiana y en ella vivamos nuestra vocación sacerdotal, diaconal, religiosa o laical; el Señor nos dice a todos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6).

Mons. Antonio José López Castillo
Arzobispo de Barquisimeto.

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